La etapa de Clasificación a Semifinales se empañó con los graves incidentes ocurridos la noche del domingo en Quetzaltenango.

Las agresiones sufridas por Álvaro García y Fabricio Benítez por personas que no tenían que estar en el perímetro de la cancha son hechos intolerables que demuestran una vez más nuestro subdesarrollo deportivo, el que nos hace incapaces de organizar de manera adecuada un simple partido de futbol y en el que el fanatismo de pseudodirigentes provoca enormes problemas para su propio club.

Dentro de ese bochorno resulta reconfortante el comportamiento general de los aficionados de Xelajú MC, que se mantuvieron en su sitio y aguantaron con estoicismo la eliminación de su equipo, sin que hubiera desadaptados que le echaran gasolina al fuego.

Eso se aplaude, mientras lo demás se deplora, esperando que este negro episodio sirva para que en el futuro en ningún estadio inicie un partido si hay personas ajenas al mismo alrededor de la cancha, algo que ocurre casi en todos lados, lo que más temprano que tarde origina problemas que se podrían evitar si los dirigentes, familiares y amigos estuvieran en las gradas y no a la orilla del campo de juego.

Este artículo también fue publicado en la sección de Deportes de NUESTRO DIARIO el miércoles 6 de diciembre.

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