Las nuevas generaciones se han acostumbrado a ver los estadios vacíos y es por eso que a más de alguno le cuesta entender cómo fue posible que en el estadio nacional murieran 84 personas previo a un partido de futbol.

Es por eso que hago uso de mi memoria para recordar que, hace algunas décadas, cuando la Selección jugaba los aficionados llegaban al estadio desde un día antes. Diversas empresas organizaban actividades nocturnas para entretener a la gente durante horas, previo a unos momentos de descanso durante la madrugada. Las puertas se abrían a las ocho y bastaba media hora para que el estadio estuviera completamente repleto, en espera del inicio del partido.

Casi lo mismo ocurría con los Clásicos, en donde cremas y rojos dormían juntos en el frio cemento y luego disfrutaban del encuentro del día siguiente, sin que hubieran incidentes fuera cual fuera el resultado.

Hubo un partido en particular que recuerdo mucho: Guatemala contra Cuba en eliminatoria olímpica, con sesenta mil boletos vendidos y un estadio convertido en una auténtica lata de sardinas. ¡Yo fui una de esas sardinas!

Tristemente debo reconocer que esos tiempos no volverán; es más, con todas las medidas de seguridad que ahora son obligatorias, jamás volveremos a ver un estadio así.

Aquel 16 de octubre de hace veintiún años Guatemala enfrentaría a Costa Rica a las 20:00 horas, por lo que nadie durmió afuera del estadio la noche anterior, pero ese día decenas de miles de aficionados llegaron desde horas de la mañana convirtiendo en un hormiguero gigante los alrededores del Mateo Flores.

La expectación que generaba el futbol no pasó inadvertida para aquellos que vieron la oportunidad de hacer negocio, sin importarles la seguridad de las personas. Desde aquel tiempo era frecuente la falsificación de boletos y la reventa de los mismos, lo que hacía que se superara por mucho el aforo del estadio. Ese fatídico día no fue la excepción y, con un estadio al que le cabía menos gente, debido a la reciente instalación de la pista sintética y la eliminación de una zona que antes ocupaban los espectadores, el resultado fue que adentro no cabía nadie más y afuera habían miles con boleto en mano que reclamaban que se les permitiera entrar.

La avalancha fue imposible de detener y murieron 84 personas, además de varias decenas de lesionados producto de una pésima organización, reventa y falsificación, todo provocado por la avaricia y la ambición. El hecho quedó impune.

Hoy, veintiún años después de aquella tragedia, renovamos nuestra solidaridad a los familiares y amigos de los fallecidos, confiando en que los hombres, mujeres y niños que fueron víctimas esa noche, ahora gozan de vida eterna.

Nuestra promesa es que nunca los olvidaremos.

1996 – 16 de octubre – 2017

1 Comentario

  1. Que en paz descansen!

    Es impresionante ver como han cambiado las cosas, es probable que ahora a las personas les apasionan otros deportes y actividades, pues a diferencia de antes, ahora si destacamos en muchas disciplinas y áreas.

    Por otro lado, no entiendo porque tanta gente llegó a ver ese juego Guatemala vs Costa Rica pues ya estábamos eliminados (Guatemala necesitaba vencer a Trinidad pero no lo logró, mientras que Usa y CR si). Guatemala jugó de visitante toda la primera vuelta y en la misma quedó fuera del mundial lamentablemente.

    Quizás lo más triste de todo es que por culpa de la ignorancia e incompetencia de algunos (quienes vendieron entradas falsas y quienes las compraron) murieran personas inocentes. Pero como bien dice el Dr. Muralles, El Altísimo les ha de estar concediendo un descanso digno.

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