El ‘soft power’ de Catar es quebrantado por los escándalos

235

En los últimos diez años Catar se ha convertido en un actor indispensable del planeta deportivo, pero la acumulación de escándalos, especialmente sobre las condiciones de atribución del Mundial 2022 de fútbol, están quebrantando su ‘soft power’ (poder blando), la diplomacia deportiva que tiene como objetivo dar poder al pequeño emirato.

La apertura de una investigación de la justicia suiza contra Nasser Al-Khelaïfi, presidente del París Saint-Germain y director de beIn Media, es el último capítulo.

La justicia suiza sospecha que el emirato ejerció la “corrupción privada” en la atribución de los derechos de los medios de comunicación de varios Mundiales a través de BeIn Media y con la complicidad de Jerome Valcke, antiguo número 2 de la FIFA, ya suspendido diez años por otros casos de corrupción.

“No se trata únicamente de un incidente aislado, es una historia viva que se ha construido alrededor de Catar y de la FIFA”, señala Simon Chadwick, profesor de economía del deporte en la Universidad de Salford, cerca de Manchester.

Esta historia comenzó a finales de 2010, cuando la FIFA atribuyó la organización del Mundial 2022 a Catar. Las condiciones en las que la federación ofreció el torneo al emirato son objeto de una investigación por parte de la justicia suiza.

Este Mundial se convirtió desde el principio en un dolor de cabeza para la FIFA, que debió abandonar los tradicionales meses de junio y julio, demasiado calurosos para jugar en Catar, y programar el gran evento planetario entre noviembre y diciembre de 2022.

Además el emirato ha sido señalado por varias ONGs debido a las condiciones de trabajo de los obreros extranjeros que construyen los nuevos estadios.

En el último decenio el riquísimo país gasístico ha intentado compensar su pequeño tamaño con una activa diplomacia deportiva. Casi todos los grandes deportes organizarán allí sus Mundiales de aquí a 2023: atletismo (2019), natación (2023), fútbol (2022), ciclismo (2016) o balonmano (2013).

– Imagen y reputación fragilizada –

En el fútbol, el deporte rey, Catar compró el París Saint-Germain en 2011 y en agosto propició el fichaje más caro de la historia. El club francés pagó 222 millones de euros al Barcelona por los derechos del brasileño Neymar.

Catar no tiene pensado frenar esta “estrategia de ocupación de terreno”, según estima el presidente de una federación internacional. El gran objetivo final, los Juegos Olímpicos, según el mismo dirigente.

Doha ya fue aspirante para los Juegos 2016 y 2020, y el Comité Olímpico Catarí (QOC) podría intentarlo de nuevo en 2032, después de la doble atribución de 2024 y 2028 a París y Los Ángeles respectivamente.

Pero la bella vitrina de la diplomacia deportiva queda manchada por los escándalos. Además Catar sufre un aislamiento diplomático desde junio, después de que Arabia Saudita y otros países de la región rompieran relaciones por un supuesto apoyo al terrorismo.

“La imagen y la reputación, tanto de Catar como de la región, están sufriendo. Esta disputa refuerza los prejuicios y los estereotipos que mucha gente tiene hacia los países del Golfo”, señala Chadwick.

“Parece un imperativo que todas las partes implicadas encuentren una solución rápida y consensuada sobre lo que daña la imagen del fútbol en la región y su reputación en el mundo”, concluye.

Comente esta nota

Please enter your comment!
Please enter your name here